cuando se termina la luz,
y los naranjos se disponen a soñar su fruto
y la pereza de ser es virtud que lleva al sueño
y entre tanta vida pidiendo tregua generosa
los estanques se detienen
y las acequias calman su curso
la noche nos transfigura
y soñamos el sueño del heraldo que entrega
noticias sobre tu reflejo en el agua
o de las rosas que te ciñen el pelo
y se rasga el vestido de niebla que te cubre
y la vida se alza como tus pies y alcanzas mi boca
y un corazón que se estremece
alimenta entonces la tierra
como un pulso que se impone al tiempo
y establece la doctrina imperturbable
del amor que nos nutre,
la de la luz que nos encubre.
24/04/2011
sl35 · II
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La noche transfigura y saca a la superficie aquello que el día tiene tanto empeño en ocultar.
ResponderSuprimirBello.
Y dónde está tu reflejo en qué agua, dime, que quiero verte...
ResponderSuprimirSi Hades, estoy de acuerdo, siempre asignamos a la luz la capacidad de mostrar cuando realmente, sólo la noche despoja la niebla que nos viste por el día.
ResponderSuprimirGracias por tu comentario!!
Javier.
Rosario, mi reflejo en el agua está en cada poema, en cada texto que escribo. Los que necesitamos de la escritura para ser y estar, sabemos encontrar ese agua común, ese mar que agita nuestros sueños y crea el oleaje que los acerca a otras costas. Ahí me ves. Ahí te veo.
ResponderSuprimirMuchos besos
Javier