Poesía
por Javier Cabeza de Monte · ©2009-2013
10/06/2013
En los jardines tardíos · XVII
soy
caminante único
del mundo en que habitas
la sola voz que te arrulla y que te calma
los pasos conocidos que prometen un lugar seguro
del lado del sol, junto a aguas tibias
un corazón caliente y henchido
de besos nacidos inmortales
preparados para dar
lo que los labios ni siquiera imaginaron
o morir en el intento de abrazar tus ausencias
ceñido a un peine que peina el viento
y al universo tallado en la parte cóncava de tu sexo
caminante de los caminos que llevan
a la sonrisa de tu rostro cuando amas
no sigo otra ruta sino la de tus pies descalzos
que quiero y acaricio despacio
perdido ya en el laberinto de lenguas
que ahora forman
nuestras bocas
07/04/2013
En los jardines tardíos • XVI
Siembro tres granos de maíz y espero, mientras los días se suceden y cada amanecer es una incógnita que no despejo. Prefiero seguir sentado sobre la tierra caliente y sentir cómo las semillas crecen; tal es mi amor y mi palabra, mi amor y mi palabra.
Al sol le sigue la lluvia y a la lluvia la esperanza, un aroma lleva siempre un jeroglífico en su nada y las nubes son la clave del enigma, pero pasan rápido. Sin tiempo para cálculos, rezo o eso creo y todo parece domingo, cuando las preguntas sin respuesta son lágrimas por desbordar.
Observo bandadas de tiempo.
Sentado en este lugar sin coordenadas, adivino el futuro a quien lo pida, cuando entre una nota ligada y otra de un Bach casi perfecto, deduzco casi por sorpresa, amor, que naces ya, temprana, de la tierra.
Al sol le sigue la lluvia y a la lluvia la esperanza, un aroma lleva siempre un jeroglífico en su nada y las nubes son la clave del enigma, pero pasan rápido. Sin tiempo para cálculos, rezo o eso creo y todo parece domingo, cuando las preguntas sin respuesta son lágrimas por desbordar.
Observo bandadas de tiempo.
Sentado en este lugar sin coordenadas, adivino el futuro a quien lo pida, cuando entre una nota ligada y otra de un Bach casi perfecto, deduzco casi por sorpresa, amor, que naces ya, temprana, de la tierra.
21/03/2013
En los jardines tardíos · XV
cuan grande es
el límite de las cosas
los árboles, las veredas, las aguas
mariposas,
incapaz de abarcar lo que todo ello abarca
me conformo con la vista
la mirada mística sobre la vida y sus secuencias
el disfrute del aroma, las esencias
minerales que brillan, insectos, semillas
engranajes animados por un alma ignota
la música que fluye, el vibrar de algunas notas
y la luz que ilumina mi presencia
tu vida,
tu boca,
vida mía.
10/02/2013
En los jardines tardíos · XIV · Solo del amor
solo del amor
de la caída de los pájaros al acecho
no libra el tiempo su venganza, la vida,
su dolor por siempre eterno
el horizonte que se perla de lágrimas
la lengua que yace muda en boca seca
el súbito atardecer entre brazos ahora yermos
cuando, alta la frente y baja la llama de la espera
se atenúa la verdad, y con ella,
acaba el agua de recorrer la vereda y se confunde con la tierra
la misma que rezuma los aromas fundacionales del mundo
y que junto con el rumor rudo del trueno
y de las algas adheridas a las rocas
nos recorre por dentro sin piedad alguna
para cincelarnos estatuas y piedras
en los meandros del alma
cuando, solo del amor,
abrazo embelesado la niebla que lo cubre
y perfilo con manos trémulas
la forma cóncava del olvido.
de la caída de los pájaros al acecho
no libra el tiempo su venganza, la vida,
su dolor por siempre eterno
el horizonte que se perla de lágrimas
la lengua que yace muda en boca seca
el súbito atardecer entre brazos ahora yermos
cuando, alta la frente y baja la llama de la espera
se atenúa la verdad, y con ella,
acaba el agua de recorrer la vereda y se confunde con la tierra
la misma que rezuma los aromas fundacionales del mundo
y que junto con el rumor rudo del trueno
y de las algas adheridas a las rocas
nos recorre por dentro sin piedad alguna
para cincelarnos estatuas y piedras
en los meandros del alma
cuando, solo del amor,
abrazo embelesado la niebla que lo cubre
y perfilo con manos trémulas
la forma cóncava del olvido.
21/01/2013
En los jardines tardíos · XIII · Presciencia
Hay una puerta que se abre sólo cuando quieres y que muestra el paisaje agreste de tu alma, hectáreas de trigo espigado y cosechas de nubes bajas, a la altura del alma o la entrepierna, que para el caso, tantas veces, da lo mismo, como lo da el subir desde la tierra a tu sexo de sandía entreabierta y verano que se anuncia, o tumbarse a la vera de tus pies descalzos y lamer un pulgar que anticipa en la sonrisa de la uña, la que habrá de ser, caudalosa, en tu boca en un tiempo que ni pasado ni presente, tan solo, se presiente.
10/12/2012
En los jardines tardíos · XII · Doce veces
| It is impossible, love, our love, However much you want But was so beautiful, love, our love, Though it was a minute long I saw you walk to me, love, for me And felt your skin on me There were no courtesies, love, my love, And no formalities And I am standing proud of doing Nothing And I am standing eager to do something And I am standing lacking in our love I'm not a lady's man, love, my love, You just have got your charm I swear that all the words, love, I used Were all refusing you. And was incredible, love, our love, Though it was a minute long And it's impossible, love, our love, However much you want I'm not standing proud of doing nothing I'm not standing eager to do something I'm not standing lacking in your love In your love In your love In your love In your love In your love In your love In your love Love, love, love |
en la noche, doce veces
te pienso, te tenso, te lamo, te siento
por doce veces
repito lo siento, lo siento
y sigo, sin embargo, tenso
más triste que el viento
aullando sobre un páramo inmenso
me oculto a la luz y a oscuras me pienso
busco el amor que cubra esta herida
temida y de final incierto
que rezuma hiedras y lucidez perdidas
en cada abrazo, en cada verso
atajos de amor, caminos de almas fallidas
cuando el botón de tu voz descosido
reposa sobre el ojal sordo de mi oido
ahora que la mañana asciende
sobre el tacto frío de los sueños
ven a mi en forma alguna y con empeño
dime susurrando dulcemente
te quiero, te quiero, te quiero.
06/11/2012
En los jardines tardíos · XI · Llueven golondrinas
llueven golondrinas
y tornas al gris
mientras caen como piedras
absorta en la escena
ignoras la muerte
tu amor se esparce
en los charcos rojos de la acera
tu amor es un pintalabios
tu amor se renueva con un gesto tan simple
dame un beso
-digo-
y recibo una golondrina que agoniza
aún hay tiempo
-pienso-
y el cielo se abre
y tú te pintas los labios
06/10/2012
Miguel Hernández · Después del amor
No pudimos ser. La tierra
no pudo tanto. No somos
cuanto se propuso el sol
en un anhelo remoto.
Un pie se acerca a lo claro.
En lo oscuro insiste el otro.
Porque el amor no es perpetuo
en nadie, ni en mí tampoco.
El odio aguarda su instante
dentro del carbón más hondo.
Rojo es el odio y nutrido.
El amor, pálido y solo.
Cansado de odiar, te amo.
Cansado de amar, te odio.
Llueve tiempo, llueve tiempo.
Y un día triste entre todos,
triste por toda la tierra,
triste desde mí hasta el lobo,
dormimos y despertamos
con un tigre entre los ojos.
Piedras, hombres como piedras,
duros y plenos de encono,
chocan en el aire, donde
chocan las piedras de pronto.
Soledades que hoy rechazan
y ayer juntaban sus rostros.
Soledades que en el beso
guardan el rugido sordo.
Soledades para siempre.
Soledades sin apoyo.
Cuerpos como un mar voraz,
entrechocado, furioso.
Solitariamente atados
por el amor, por el odio.
Por las venas surgen hombres,
cruzan las ciudades, torvos.
En el corazón arraiga
solitariamente todo.
Huellas sin compaña quedan
como en el agua, en el fondo.
Sólo una voz, a lo lejos,
siempre a lo lejos la oigo,
acompaña y hace ir
igual que el cuello a los hombros.
Sólo una voz me arrebata
este armazón espinoso
de vello retrocedido
y erizado que me pongo.
Los secos vientos no pueden
secar los mares jugosos.
Y el corazón permanece
fresco en su cárcel de agosto
porque esa voz es el arma
más tierna de los arroyos:
«Miguel: me acuerdo de ti
después del sol y del polvo,
antes de la misma luna,
tumba de un sueño amoroso».
Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.
Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.
06/09/2012
En los jardines tardíos · Geométrica del amor · X
tenue, sobre un copo de nieve que desciende
la vida siempre frágil
un pase sobre un columpio elevado
y nada bajo los pies
y sin embargo
se traban tantas cosas
se unen, se fraguan, se conocen
resulta difícil pensar
cómo tantos y tanto sucede en tan poco
geométrica del amor
pirámide de cúspide tus ojos
hay días que el sol se pone de tu lado
e ilumina como nunca
16/06/2012
En los jardines tardíos · Trazos de tiza · IX
tiza sobre el lienzo de tu espalda y los símbolos y signos se dibujan solos, extraños, como si una mano invisible cincelara su trazo sobre la piel salada.
el sol se pone de golpe y la luz determina la velocidad inversa de tu abrazo, cuando una muesca justo al borde de mi alma, una llama que oscila como una bandera, hace girar la llave en otra cerradura ante el asombro de ambas.
Cuentas que no hay nada que contar y el pasmo determina el impasse; la luz se detiene entre el ojo y el párpado, tu sincera anatomía cree ocultar aquello que muestra sin saberlo y mientras, la ingenuidad se destruye en batalla perdida con el tiempo.
tres tristes tigres recorren raudos remotos recuerdos, tres tigres tristes cabalgan la noche impasibles y ambos acariciamos sin cautela su piel a rayas.
19/05/2012
En los jardines tardíos · Mármara · VIII
A setenta millas de la costa, flota María entre dos aguas, observan el cielo sus ojos y los peces se interrogan sobre el significado de su espalda. A pocos metros de allí, un velero la espera sin más tripulación que Mina, una gata que se recupera de sus heridas, recogida en el puerto de Estambul. Cientos de vinilos de clásica se acumulan en el pequeño camarote y un gramófono antiguo esparce música antigua sobre el mar, a modo de lluvia ligera sobre las escamas de un alma que María mece en el vaivén del Mar de Mármara en el momento indescriptible del crepúsculo. Si el violín que rememora a Bach y que se oye no sin cierta dificultad a lo lejos parece materializar lo inefable, María disuelve lo material en sus orígenes más ciertos mientras yace en brazos de un agua amniótica, aceptando el destino errante de las corrientes, la incertidumbre sobre el mañana que el anochecer acentúa con fuerza, la pérdida del calor que asciende al cielo junto a los graznidos de los pájaros que avisan del final del día. Cuando María despierta, son los ojos brillantes de Mina los que la guían hasta el velero. Una vez arriba, arropada y sentada en la proa, el último acorde de una Partita de Bach resuena en la noche, un delfín salta y el puzzle del mundo parece encajar por un segundo.
22/04/2012
En los jardines tardíos · Llegada del amor · VII
cuando las entrañas
entre una hora y otra se encuentren
y en el camino
la tormenta de los cuerpos se desate
oh, puertos, dadme abrigo
del agua del amor derramada
sobre la piel del olvido,
de los mantras que se alzan
con fuerza desde el vacío,
de las mareas convulsas que nacen
en lo profundo del sueño, la noche o el frío
caudal inaudito
reguero de tierras y enseres
y seres
amados,
alados,
admirados,
olvidados,
crisálida del futuro que fluye
y en su fluir me detiene
para mostrarme en otros ojos
que se abren y se cierran y ya duermen
y me avisan y me dicen:
ya viene, ya viene
31/03/2012
En los jardines tardíos · Derramando sombras, sembrando soles · VI
derramando sombras,
sembrando soles,
hay horizontes grabados en tus ojos
cuando un vago rumor suena
avivado por el recuerdo del agua
son los peces que se escurren de las manos
cuando las manos se niegan la nada
y buscan el tacto perdido
a la luz que justo te ilumina
como un cuadro de Cezanne
me abrazo
y abordo el aire que te envuelve
y alado y circunscrito a tu órbita
te alcanzo
y te milito
no hay pérdida
cuando las migas de pan fueron finalmente
el alimento de los pájaros
y no hizo falta desandarte,
aunque sí fuera preciso
desnudarte el cuerpo
y descenderte el alma
derramando sombras,
sembrando soles
en tu jardín tardío.
16/03/2012
En los jardines tardíos · El ser · V
Qué será cuando el ser se marche,
cómo podrá seguir la vida sin nosotros
es algo
sencillamente inconcebible
imaginar el sol poniéndose
sin mis ojos
y para qué las orillas
sin mis pies descalzos
obviará la arena mi huella
y perderá el sentido
olvidará el aire mis pulmones
y quizá se evapore para siempre
quiero creer
que todo existe porque yo también existo
y por tanto, todo habrá de acompañarme cuando falte
pienso,
absorto,
bajo la secuoya gigante
de mi jardín tardío.
09/02/2012
En los jardines tardíos · El tacto imaginado · IV

de aquellos momentos compartidos
el tacto imaginado es lo que queda
por encima de otras cosas
más ciertas o palpables
el haber delimitado
con imaginada precisión infinita
el centímetro cuadrado en ti
que acogería el primer beso
y la caudalosa y repentina acometida
de la sangre atropellada entre las venas
nuestros pelos despeinados
y el aroma imaginado de tu piel
abriéndose como una flor
al sofoco de un verano repentino
que se nutre, húmedo,
de las sombras de un jardín tardío.
04/02/2012
En los jardines tardíos · Una tarde y un reposo · III

en el aprender liviano de tu cuerpo
redúceme a unas manos
no quiero el ser ni el intelecto
tampoco un nombre, ni una cédula
ni la nada que esconden ciertas noches
y tampoco las coordenadas del amor
con sus decimales infinitos
y sus probabilidades a cuestas
desnudémonos la piel y aún los huesos
siendo
solamente
lo que sea que seamos
lo que sea el motivo de vivir
de hablar, de gemir, de temer
de temblar de miedo ante las cosas
de reir desde dentro
como si aún estuviéramos naciendo
en el jardín tardío de tu ser
concédeme una tarde y un reposo,
una lengua de mariposa que restañe heridas sin borrarlas
y la sombra de una acacia que marque el territorio conquistado:
tus pies descalzos entrelazados sobre la hierba,
tu cabeza en mi pecho soñando al compás de sus latidos
30/01/2012
En los jardines tardíos · Julia · II
23/01/2012
En los jardines tardíos · Preludio · I
Se envuelve en el peso de una pluma, en la ingravidez estelar de un viejo Sputnik que orbita sin misión aparente en la elíptica del amor, en la física que claudica inerme ante un jardín tardío e inventa el lugar imposible del que surge la materia cristalina que da vida a los ojos, atesorando los gestos que habrán de surgir luego de las caricias, las auras invisibles que observan los gatos ciegamente, el sonido de las pisadas huecas en la nieve, la transparencia impúdica de las miradas perdidas en el horizonte.
Los jardines tardíos rezuman lo que sus paseantes dejaron caer en el aire, sin saber que la tierra es su memoria y sus lugares las fraguas de los sueños que se forjan a cada paso, a cada verbo, en cada pulso.
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